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ENTREVISTA

Renzo Costa: Cada vez soy menos necesario para la empresa

El empresario sostiene que la compañía que lleva su nombre debe hacer una transición para que dure 100 años más.

Renzo Costa

Colaboradores. Renzo Costa cree que las empresas funcionan como engranaje, no hay pieza pequeña.

Colaboradores. Renzo Costa cree que las empresas funcionan como engranaje, no hay pieza pequeña.

Por: Luciana Tello

Si hay algo que Renzo Costa no pueda criticar a su madre es su rol como empresaria. Recuerda haber paseado a su lado por las curtiembres y que la primera tarea que le confió para la empresa fue contar cueros. Ser cajero y vendedor, aunque no le gustara mucho, tampoco fueron labores realizadas en vano en los 25 años que ha dedicado a la compañía. Fue consciente de los frutos de ese camino cuando llegó a ocupar el cargo de presidente de directorio, para el cual considera necesario saber cómo funciona la marca al derecho y al revés.

¿Cómo describiría la transición entre el liderazgo de su madre y el suyo?
Yo llegué con muchas ideas para modernizar la marca, entre ellas la diversificación de productos.

¿Fue sencillo convencer a su familia de sus ideas?
Es complicado convencer al directorio, sobre todo cuando es una empresa familiar y tradicional. Fue un poco chocante decir: “Dejemos de depender solo de las casacas de cuero”. Entrar en estas aventuras implica un riesgo.

¿Cuáles fueron los primeros cambios que realizó con esa perspectiva?
Se tuvo que retirar a varios proveedores que no estaban modernizándose como nosotros, e incluir a nuevos. Eso es clave para mantenerse vigente. El dinamismo hace que la marca siga viva.

¿Qué miembros de la familia están inmersos en el negocio?
Mi madre y mi hermano que vive en Australia, pero que maneja otro rubro. Lo respetamos. Siempre colabora con ideas y está presente en los directorios.

¿En qué consiste su plan de sucesión?
Todas las decisiones que tomamos son pensadas a futuro, en nietos y bisnietos. Buscamos asesoría externa para normar qué hacer y qué no. Tenemos como una constitución que señala que ninguno de nosotros puede dañar la imagen ni los pilares de la empresa.

¿Cuál es la obligación de los familiares que forman parte de la empresa?
Mi madre nos hablaba de la necesidad de estudiar y trabajar, ser apasionado. He estudiado en la universidad, pero mi mejor escuela ha sido viajar.

¿Consulta las decisiones más importantes en la empresa con su madre?
Más que tomar las decisiones solo, lo hago en equipo. Mi madre está retirada, no va mucho a la fábrica.

¿Confiarían un puesto de primera línea a alguien ajeno a la familia?
Sí. Hace 20 años era difícil encontrar profesionales capacitados. Ahora hay mucha oferta, eso nos ayuda a dejar labores que otros colaboradores hacen igual o mejor que tú. Así estás tranquilo.

¿Cómo reaccionaría la empresa si usted no estuviese mañana?
Estamos trabajando en que yo no sea imprescindible. Cada vez somos menos necesarios para la empresa. Suena un poco fuerte, pero estamos obligados a hacer esa transición si queremos un Renzo Costa que dure 100 años más.

Su madre dijo que ustedes deberían ocupar solo el directorio. ¿Cuáles son los pasos para cumplir ese objetivo?
Se tiene que dar en menos de cinco años. Tenemos la suerte de no obstaculizarnos por conflictos familiares. Las empresas son como los matrimonios, algunos terminan en divorcio o a veces dan utilidades, pero son lugares en los que no se puede convivir.

¿Cómo mantiene la relación familiar a salvo de los conflictos empresariales?
Dejando la empresa. Las discusiones siguen, pero el conflicto lo transfieres a tus gerentes. No existen las familias felices en las empresas, es una utopía.

Buscar la adaptación y la convivencia

Marina Bustamante, madre de Renzo Costa, es quien llevaría el termómetro del clima familiar en la empresa y la armonía. “Yo me dedico a lo creativo más que a lo financiero. Y respeto el espacio de las otras áreas”, añade Costa.

Cuando se reúnen, tratan de compartir actividades que los mantengan alejados de los temas del negocio como cocinar y escuchar música. “Ser apasionado es bueno y malo. Le dedicas más horas al trabajo, pero puedes contaminar tus relaciones”, señala.

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