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Editorial: Los vaivenes del PBI

Editorial de Gestión. "Además de la incertidumbre por la guerra comercial, hay que añadir la renovada tensión entre el Gobierno y el fujimorismo”.

Agencia calificadora de riesgo Moody's espera revisar al alza la proyección de crecimiento económico del PBI del Perú para el 2018. (Foto: Agencia Andina)

Agencia calificadora de riesgo Moody's espera revisar al alza la proyección de crecimiento económico del PBI del Perú para el 2018. (Foto: Agencia Andina)

(Foto: Agencia Andina)

RIESGOS AL ACECHO. El crecimiento del PBI volvió a decepcionar en julio (2.31%), tal como ocurrió en junio (1.98%) y, en ambos casos, por efectos de la contracción en dos sectores primarios que normalmente apuntalan las cifras macroeconómicas: pesca y minería e hidrocarburos, debido a que terminó la primera temporada de extracción de anchoveta y por el pobre desempeño de la producción de metales. Todavía está fresco el recuerdo de los auspiciosos resultados de abril y mayo (7.84% y 6.51%), cuando la evolución de sectores como construcción, manufactura, comercio y servicios financieros superaba todas las expectativas.

¿Qué pasó? Además de la caída minera y pesquera –y su correlación directa con la manufactura–, que le habría restado 0.6 puntos porcentuales a la expansión de julio, según los analistas, hay que considerar el efecto estadístico pues a partir de la segunda mitad del año pasado un buen número de sectores comenzó a recuperarse de prolongados periodos recesivos o de desaceleración. Lo que faltaría medir es el impacto de la guerra comercial que ha iniciado el Gobierno de Donald Trump, y que ha afectado la cotización del cobre, que es el principal producto de exportación peruano.

¿Qué pasará en adelante? Además de la incertidumbre comercial, hay que añadir la renovada tensión entre el Gobierno y el fujimorismo. El presidente del BCR, Julio Velarde, ha subrayado que en el mercado financiero “existe el temor de que el ruido político contamine las expectativas de los agentes económicos”. Si la advertencia se materializa, esa reversión ocurriría en momentos en que la inversión privada se encuentra en proceso de recuperación –en el segundo trimestre creció 8.5%, la tasa más alta de los últimos cinco años–.

Aunque el riesgo mayor ,y que tendría efectos más duraderos, es la guerra comercial, también hay que tener en cuenta la participación de la inversión pública como impulsor del crecimiento. Este año sí consiguió dinamizarse, aunque siguiendo un comportamiento errático, con tasas positivas mensuales muy elevadas, otras bastante bajas y hasta una caída (en marzo). Dicho desempeño desordenado continuó en agosto: la inversión del Gobierno Nacional cayó –pese a que continuaron las obras para los Panamericanos–, mientras que la correspondiente a los gobiernos locales y regionales sí aumentó.

Según el BCR, la inversión pública total apenas creció 2.8% en agosto, lo cual no sería un indicador muy optimista del PBI de dicho mes. Y si se trata del efecto estadístico, recién habría que esperar tasas de expansión un poco altas en el último bimestre, puesto que figuraron entre las más bajas del año pasado.

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