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Confianza y conflictos en tiempo de elecciones

La desconfianza se ha desplazado, entonces, a las autoridades que cambian de jurisdicción para seguir en carrera política o a los familiares que buscan sucederlos.

Elecciones 2018

Próximo alcalde de Lima podría ser electo con menos del 20 % del total de votos el próximo 7 de octubre. (Foto: Agencia Andina)

(Foto: Agencia Andina)

Por:  Rolando Luque Mogrovejo

Nada hay más sensible en una democracia que la disputa por los votos. Hasta en las elecciones más frías la suspicacia sobre el papel del sistema electoral, de los medios de comunicación, de las autoridades en ejercicio puede acentuarse a niveles de turbación. Pero, ¿qué papel juega la confianza dentro de un proceso electoral?.

En general hay que partir por descartar la idea de que siempre la confianza es un valor positivo y la desconfianza un valor negativo. Nadie tiene toda la información ni el control absoluto de una situación por lo que confiar o desconfiar puede acarrear beneficios o perjuicios dependiendo de las circunstancias.

Tratándose del proceso electoral, los candidatos y sus organizaciones políticas suelen seguir al centímetro cada acto de las instituciones del sistema electoral ( JNE , ONPE y Reniec ) desde la inscripción hasta la proclamación de los ganadores; en esa medida su desconfianza puede generar alertas y correcciones. Lo importante aquí es que la desconfianza no se exprese ni se entienda como desaprobación total sino como un mecanismo de defensa de las reglas de la competencia que contribuye a la transparencia. Pero si la desconfianza es alimentada a niveles de ruptura traerá consigo conflictos electorales.

La primera expresión de desconfianza es el caso de los votantes golondrinos (llamados ahora trashumantes). Como ustedes saben un elector golondrino es aquel que migra de su circunscripción electoral a otra con el único propósito de favorecer a un candidato con su voto. Y en cada elección, como en el verso de Bécquer, vuelven los golondrinos, despertando la reacción de los partidarios de algún candidato y de la propia población. En las elecciones del 2006, 2010 y 2014 la causa principal de conflictos fue esta. Sin embargo, en este proceso electoral, Reniec ha cerrado el padrón en octubre del año pasado y revisado los casos de “golondrinaje” anteriores. Pese a ello, no se descarta que la percepción sobre este problema se mantenga y desate desconfianzas y protestas.

Pero también ha sido motivo de conflicto el rechazo a la virtual reelección de un gobernador o un alcalde. En el 2015 se modificó los artículos 191º y 194º de la Constitución, prohibiendo la reelección inmediata. La desconfianza se ha desplazado, entonces, a las autoridades que cambian de jurisdicción para seguir en carrera política o a los familiares que buscan sucederlos. Ambas opciones no están negadas pero el ojo suspicaz recaeré sobre ellos, sobre todo si se vulnera el principio de neutralidad o se usa indebidamente recursos públicos.

Pero también la gestión electoral está en la mira. Por ejemplo, la posible demora en el procesamiento de la información y en la publicación de resultados oficiales crea una sensación de que algo oscuro se trama en ese retraso, más aún si el anuncio oficial no se hace en la hora ofrecida. Esta situación suele generar reacciones violentas, dada las expectativas de los partidarios; en particular si los sondeos de opinión predicen una llegada estrecha. Hay, además, una cierta capacidad de organización de la protesta por tratarse de un colectivo que ha compartido durante meses las acciones de campaña.

En algunos lugares la seguridad policial no es suficiente y se llega a la destrucción del material electoral, de computadoras, la quema de ánforas y las amenazas o agresiones al personal de la ONPE y de los jurados electorales especiales.

En la Defensoría del Pueblo creemos que cuando es previsible que la confianza entre en crisis, no hay otra respuesta que multiplicar las garantías en plazos oportunos. Es mejor no esperar a que le pidan transparencia a la autoridad electoral sino tomar la iniciativa de mostrar con detalle los pasos del proceso electoral, los instrumentos que se utilizan, la forma cómo se procesará la información; y ventilar el proceso en todos los niveles, el del elector en general, el de los partidos en competencia, el de los técnicos, el de los observadores internacionales y nacionales. Nada debe quedar en la penumbra o el secreto porque es allí donde se incuba la duda y la impaciencia.

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