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¿Por qué Trump y Putin no tienen nada que hablar?

Trump  acordó reunirse con Putin en la próxima cumbre del G-20 en Japón a fines de junio. La óptica puede ser mejor que su reunión en Helsinki el año pasado, pero todavía faltan los ingredientes para cualquier tipo de acuerdo.

Trump y Putin

(Foto: AFP)

Donald Trump y Vladimir Putin. (Foto: AFP)

Por Leonid Bershidski

Se suponía que la investigación del fiscal especial Robert Mueller sería el mayor freno al muy mencionado deseo de Donald Trump  de "entenderse con Rusia" y con su presidente, Vladimir Putin . Sin embargo, ahora que Trump queda libre de la sombra de Mueller, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia no mejoran: los dos países aún no tienen nada sustancial sobre qué estar de acuerdo.

La visita del secretario de Estado, Mike Pompeo , a Sochi, Rusia, y sus reuniones con Putin y el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov , lo confirman. Esta nueva normalidad únicamente se puede cambiar, para bien o para mal, por algún evento trascendental como el desmantelamiento del régimen de Putin.

Antes de que el informe de Mueller fuera publicado, la disfuncional relación estaba en pausa. Trump se había negado a reunirse con Putin en la cumbre del G-20 en Argentina en noviembre de 2018, justificando que no lo hacía por la toma de dos buques ucranianos en el Estrecho de Kerch. Sin embargo, el alivio por la incapacidad de Mueller de encontrar evidencia de una conspiración entre Trump y Rusia, generó una reanudación del contacto, aunque los marineros ucranianos continuaban bajo captura rusa.

Trump y Putin hablaron por teléfono el 3 de mayo; según el Kremlin, fue por iniciativa de Trump. Trump contó que Putin fue sarcástico sobre las conclusiones de Mueller: "más o menos sonrió cuando dijo algo en el sentido de que comenzó como una montaña y terminó siendo un ratón". Claramente, Trump lo disfrutó, pero por lo demás fue una llamada infructuosa. La conversación giró en torno a las mismas bases antiguas: Ucrania, Corea del Norte y Venezuela, que ahora están empujando a Siria cada vez más abajo en la lista de temas obligatorios.

Después del asunto con Mueller, algunos comentaristas rusos y ucranianos revivieron la conversación sobre un posible gran acuerdo entre Putin y Trump que involucra a Venezuela . Dicho crudamente, tal acuerdo implicaría el fin del apoyo ruso al dictador venezolano Nicolás Maduro a cambio de un cese del apoyo estadounidense al curso antiruso de las autoridades ucranianas. Ideas similares alguna vez circularon involucrando a Siria en lugar de Venezuela, pero no se llegó a un gran acuerdo en dicho momento y no se alcanzará ninguno ahora.

Putin nunca controló completamente al presidente sirio Bashar Al-Assad ; ni tampoco controla a Maduro. También es menos capaz de defender militarmente al dictador venezolano que a Assad. A la inversa, Trump no puede hacer mucho para cambiar el rumbo de Ucrania: los ucranianos no son espectadores pasivos en su propio país, y se oponen de manera abrumadora a inclinarse ante Putin.

Esta realidad es aparente para ambos lados. Cuando se le preguntó la semana pasada si era posible un acuerdo entre EE.UU. y Rusia sobre Venezuela, Lavrov respondió con su habitual ironía oscura: "Trump es quien generalmente prepara los acuerdos". Sabía, por supuesto, que la discusión de los dos presidentes sobre Venezuela en la llamada telefónica se había limitado a las seguridades simbólicas de Putin de que no estaba entrometiéndose allí y un deseo compartido de obtener ayuda humanitaria para los venezolanos que están padeciendo hambre.

Durante la visita de Pompeo se repitió el extraño y ya familiar ritual de abordar una conocida lista de problemas sin hacer ningún progreso notificable en ninguno de ellos. Tanto Putin como Lavrov mencionaron el final de la investigación de Mueller en comentarios públicos durante y después de las reuniones como una razón para esperar una relación más constructiva. Pero parece que no ha cambiado nada de sustancia.

El secretario de Estado dijo que estaba "entusiasmado" por la parte de la conversación sobre Siria, dando a entender que se encontró algún acuerdo sobre "cómo hacer avanzar el proceso político", específicamente sobre cómo reunir a varias facciones sirias para discutir la formación de un gobierno no sectario en línea con una resolución de 2015 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero tanto Putin como Trump tienen una influencia limitada en ese proceso, y Pompeo admitió: "No estoy seguro de que tengamos toda la capacidad".

La investigación de Mueller echó a perder la relación entre EE.UU. y Rusia , asegurándose de que cualquier impulso de Trump para intentar normalizarla se ahogara en un coro de condena bipartidista en Estados Unidos. Pero ahora que Trump ha sido absuelto de conspiración (a Putin no se le eliminaron las sospechas de injerencia electoral), se reveló que la raíz del problema es diferente.

Si bien el gobierno de Obama tuvo problemas ideológicos con el putinismo, el de Trump no puede encontrar ningún beneficio al hacer negocios con Putin. Como Fyodor Lukyanov, uno de los comentaristas de política exterior más astutos en el campo de Putin, escribió en el periódico del gobierno Rossiyskaya Gazeta el miércoles: "En el mundo de balanzas comerciales de Trump, Moscú está ausente, o más bien, ocasionalmente está presente como un obstáculo, por ejemplo en el camino del gas natural licuado de EE.UU. a Europa".

Los comentaristas a favor de Putin en Rusia a menudo han tratado de señalar la política interna de EE.UU. como el principal obstáculo . Si dependiera de Trump, decían, habría un deshielo. Sin embargo, en realidad, Rusia es tan irrelevante para la agenda económica y comercial de Trump que los problemas económicos ni siquiera parecen surgir en ninguna conversación entre EE.UU. y Rusia.

El problema de Putin es, y siempre ha sido, que no puede lidiar con Trump sobre la única base que el presidente de EE.UU. realmente entiende: no está dispuesto a intercambiar ventajas geopolíticas por ningún incentivo económico que Trump pueda ofrecer, y no tiene nada que ofrecer a Trump en términos de comercio e inversión.

Trump acordó reunirse con Putin en la próxima cumbre del G-20 en Japón a fines de junio. La óptica puede ser mejor que su reunión en Helsinki el año pasado, pero todavía faltan los ingredientes para cualquier tipo de acuerdo. Es fácil compartir el pesimismo de Dmitri Trenin, director del Centro Carnegie de Moscú, quien escribió el martes que a corto plazo, la relación entre Estados Unidos y Rusia " probablemente empeorará antes de que empeore aún más".

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