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Fracaso de Fiat-Renault expone verdades incómodas

Fiat inevitablemente se iba a topar con el Estado francés, que posee un 15% de Renault y es sumamente sensible acerca de temas como garantías laborales y gobernanza

Renault y Fiat Chrysler

La reunión de la junta directiva de Renault para analizar la fusión con Fiat Chrysler culminó sin una decisión final este martes. (Foto: Reuters)

La reunión de la junta directiva de Renault para analizar la fusión con Fiat Chrysler culminó sin una decisión final este martes. (Foto: Reuters)

Por Chris Bryant

La decisión de Fiat Chrysler de abandonar las negociaciones para fusionarse con Renault dejó a todas las partes con suflé en el rostro. Ambas compañías ahora tienen mucho trabajo para abordar las respectivas flaquezas que el proceso fallido sacó a la luz. También hay interrogantes que debe resolver el presidente francés, Emmanuel Macron.

La propuesta de tres páginas que Fiat publicó hace un par de semanas, en la que reseñó la fusión de partes iguales, hacía que todo sonara muy sencillo. El jefe de Renault, Jean-Dominique Senard, y el vástago de Fiat, John Elkann, debieron saber que la serenidad de sus cara a cara privados previos al anuncio de la oferta no sobrevivirían luego de la intervención de la política industrial.

La propuesta de fusión con Renault estaba destinada a inquietar aún más al socio japonés de la firma francesa, Nissan, que todavía lidia con los problemas revelados por la caída de Carlos Ghosn. Fiat inevitablemente se iba a topar con el Estado francés, que posee un 15% de Renault y es sumamente sensible acerca de temas como garantías laborales y gobernanza. Las fusiones entre iguales nunca son fáciles, como dejó en claro lo que ocurrió con el fabricante franco-italiano de anteojos EssilorLuxottica.

Aun así, luego de haber hecho buena parte del trabajo preliminar y tras la reacción positiva del mercado bursátil, la decisión de Fiat de poner fin a las negociaciones parece impulsiva (de hecho, los franceses dejaron la puerta abierta a otra oferta). ¿Acaso los italianos no podían esperar un par de días más para que París y Nissan se sintieran más cómodos?

Quizás Elkann reconoció, tarde, que un fabricante de automóviles franco-ítalo-estadounidense-japonés con el Estado francés como accionista ancla habría tenido demasiados cocineros en la cafetería. No es la primera vez que Fiat propone una fusión y termina frustrada: el difunto Sergio Marchionne intentó sin éxito aliarse con General Motors. Así que la promesa de Fiat de volver a cumplir con su estrategia independiente suena un poco desanimada.

Este proceso recordó a los inversionistas que Fiat no ha invertido suficiente en automóviles eléctricos y que las emisiones de carbono en general de sus vehículos son muy altas. Más allá de sus fortalezas en el segmento de camiones, SUV y el mercado estadounidense, Fiat también puso en la mesa de negociación un balance más débil. Tiene grandes obligaciones en materia de pensiones y registra una gran posición negativa de capital de trabajo.

¿Y Renault? Las conversaciones develaron la opinión poco alentadora que los inversionistas tienen sobre el grupo francés. Sin contar su participación en Nissan, su efectivo y otras inversiones, los accionistas no otorgan valor alguno a las operaciones de fabricación de vehículos de Renault. Eso es vergonzoso, por decir lo menos, y Senard estará bajo más presión para integrar un descuento aún mayor que antes para reflejar el hecho de que las fusiones y adquisiciones podrían ser un imposible.

¿Y qué hay de Francia? El rápido descalabro de la propuesta hace que la postura de Macron sobre reducir las participaciones del Estado en campeones nacionales, y en lugar de eso construir campeones europeos, suene un tanto vacía. Cuando las cosas se compliquen, París siempre terminará buscando cada ventaja posible y defendiendo los empleos.

Tal vez Fiat recogerá los platos rotos y hará un tercer intento de fusión internacional. Se especuló que Peugeot podía ser un posible socio, aunque el Estado francés también posee una participación en esa compañía. Puede que Elkann prefiera evitar a los franceses después de esto.

Sin duda tiene sentido que los fabricantes de automóviles agrupen recursos financieros para invertir en futura tecnología, pero se pueden lograr ahorros a través de alianzas flexibles, como la de tecnología eléctrica que BMW y Jaguar Land Rover anunciaron ayer. La incapacidad de Renault y Fiat de llegar a la línea de meta puede ser un retroceso para la causa de consolidar la industria automotriz. En vista de todo lo que puede salir mal, y la política inherente que fastidia a los grandes fabricantes transfronterizos, quizás eso sea inevitable.

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