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La economía en su laberinto

“El Gobierno solo busca sobrevivir y nuevamente el país está ad portas de perder otros cinco años”.

 

El verano avanza, pero la economía peruana no se calienta lo suficiente como para generar expectativas de que este año puede ser muy superior al 2017. Este jueves, el INEI  presentará el resultado de la evolución del PBI de enero y es probable que la tasa de crecimiento sea más cercana al 2.5% que al 3%. Algunos indicadores adelantados por el INEI para enero registran una caída en sectores como la producción del sector minero e hidrocarburos (-1.5%) y en electricidad (-0.4%).

El deterioro de las expectativas continúa tanto por el ruido político originado por el impacto del caso Lava Jato, el debate en el Congreso de la moción de vacancia del presidente, y que se agrava por una política económica errática, con signos de retroceso en algunos temas cruciales como los contratos de concesión y el cobro de peajes, tal como advertimos el jueves pasado en la editorial de Gestión (Ver Editorial: Algo por festejar).

Si bien hay noticias alentadoras como la adjudicación del proyecto minero Michiquillay y posiblemente la luz verde al proyecto de Quellaveco en julio, son señales que tienen impacto limitado pues en el corto plazo las inversiones aún no se concretarán. El cambio de las expectativas requiere que el Gobierno muestre resultados concretos en el corto plazo, lo cual dado el contexto interno es una tarea muy difícil.

Hasta ahora, el crecimiento se ve impulsado principalmente por el viento a favor de la economía mundial, porque la recuperación de los sectores no primarios todavía está lejos de ser sólida. No está demás advertir que cada vez hay más voces alertando que puede haber turbulencia y el viento a favor puede dejar de soplar con la misma intensidad, como ya lo señala más de un analista internacional y la propia banca de inversión.

La reciente decisión del BCR de bajar la tasa de interés de referencia refleja que los indicadores de crecimiento no son lo suficientemente fuertes, más aún si consideramos que la evolución del PBI desestacionalizado muestra una desaceleración. Por ejemplo, el consumo interno de cemento se desaceleró de 6.5% en enero a 2.9% en febrero.

Además, durante el primer semestre los resultados en varios casos se verán favorecidos por la comparación estadística, dadas las caídas registradas en similar periodo del 2017. Eso ya no sucederá en el segundo semestre.

Y, por supuesto, el tema de fondo en las próximas dos semanas será el debate y la votación de la moción de vacancia de PPK. Indudablemente, hasta que no se produzca el desenlace, reinará la incertidumbre y pondrá en juego la institucionalidad del país que es muy débil. Justamente, no ayuda la decisión del Congreso, la semana pasada, de cambiar las reglas del juego de la Constitución para el tema de la censura de ministros y cierre del Parlamento, mediante una resolución legislativa y no atendiendo el camino que fija la Carta Magna.

Si la recuperación de la economía sigue mostrando altibajos, continuaremos dependiendo principalmente de los precios de los minerales y los cardúmenes de anchoveta. Mientras tanto, el Gobierno solo busca sobrevivir y nuevamente el país está ad portas de perder otros cinco años.

 

 

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